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Iniciamos Semana Santa, dando el ejemplo,

Vía crucis de profesores

 

Los primeros en dar el ejemplo han de ser los educadores a través del testimonio y actos concretos de amor, respeto y humildad ante el misterio de la Semana Santa. En estos tiempos donde los medios de comunicación nos muestran un país que presume de éxito económico y de desarrollo sostenido. ¡Qué fácil y qué grato es quedarnos convencidos en esa visión exitosa y placentera, sobre todo cuando percibimos en la propia experiencia que no nos falta nada, que a pesar de la crisis que se vive a nivel mundial, poco a poco mejora la calidad de vida y no hay grandes dolores ni problemas!.

La Cuaresma y la Pascua nos invitan, en cambio, a mirar ese diagnóstico con los ojos de Dios, desde la cruz de Jesucristo. Ellos nos permitirán ver, a la sombra de las cifras optimistas y de las proyecciones promisorias, sin negarlas pero ampliando el ángulo de visión, a los pobres y a los tristes que están al margen del modelo exitoso. Y también a tantos otros sufrientes a quienes puede no faltarles lo material, pero sí el amor. No son pocos, y aunque fuesen dos o tres en quince millones, son nuestros hermanos. Y son los predilectos del Señor.

Si no vemos a nuestros hermanos que no tienen acceso a la educación y a los bienes culturales; si no somos conscientes de la creciente desigualdad que divide a nuestro país en grupos cerrados y sin comunicación.

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si no reaccionamos ante la avaricia y la falta de solidaridad, ante las descalificaciones y la dificultad de valorar al otro; si no ponemos atajo al individualismo consumista, a la soberbia de creernos mejores que otros, a la desconfianza mutua en todos los ámbitos, desde el barrio hasta la política,

si no condenamos los brotes de inmoralidad que han aparecido en los casos de corrupción, de pedofilia y de tantos otros; si no reconocemos nuestras propias complicidades en el descuido de la naturaleza y de los recursos que son de todos, en la contaminación de nuestro aire, de nuestros ríos, mares, ciudades y campos,

si no “vemos” todo esto y no ponemos nuestro corazón en actitud de conversión, no podremos celebrar realmente la Pascua, la irrupción de la vida, y nos habremos quedado en una oscuridad que el cirio de 2011 no tendrá fuerza para iluminar. En definitiva no resucitaremos a una vida nueva y no seremos autenticos portadores de buenas noticias para nuestros alumnos.