Al poco tiempo me casé con ese hombre. Tomamos la decisión de que después de que naciera nuestro primer hijo, yo podría elegir regresar a trabajar o no hacerlo. Pero recuerdo como si fuera ayer, cómo mi hija a la edad de tres meses lloraba, pero al verme entrar al cuarto dejó de llorar y sonrió… en ese momento me di cuenta de que NADA, ABSOLUTAMENTE NADA QUE YO HICIERA EN UNA OFICINA ME DARÍA ESA SATISFACCIÓN. Esa satisfacción de ser necesitada y amada por una personita tan vulnerable.
Fue una decisión difícil, ya que todos incluso familiares cercanos me decían: “para qué estudiaste tanto para cambiar pañales…”
Claro que los años han pasado y probablemente ya no seré tan necesaria como lo era cuando mis hijos eran chicos, pero con una buena preparación y fuerza de voluntad, lograré insertarme en el ámbito del trabajo. Aunque insisto que nunca tendré la satisfacción que tengo cuando mis hijos me llaman MAMÁ. |